Entre estos nuevos mitos se encuentra el de la superación de las limitaciones visuales: percibir lo invisible –sea por medio de aparatos que capten lo infinitamente pequeño o lo desmesuradamente grande, mediante invisibles formas de energía, como los rayos X, o gracias al registro y la reproducción de la imagen de los ausentes, por medio de la fotografía y después del cine–. Puesto que a cierta frecuencia la luz deja de ser visible, a finales del siglo xix parecía posible la existencia de una esfera de las almas, o tal vez de Dios. «El hombre parecía a punto de dar con una base científica para su creencia de que el mundo intangible del imaginario teológico podía ser real después de todo…, si conseguía dar con los instrumentos adecuados para detectarlo» (1). Estas creencias, sin embargo, tuvieron y tienen su contrapunto irónico y lúdico. Del mismo modo que la fotografía fue utilizada para probar la existencia de entidades del ultratumba dentro del sistema de creencias de los espiritistas, también se hizo un uso en el terreno de la ciencia recreativa y de la tecnología aplicada a lo espectacular (2). Grabaketa apela al imaginario presente en los márgenes de la cultura dominante: ciencia ficción, cómic, prensa popular, televisión… del registro de lo sobrenatural, y cuya visión más emblemática sea probablemente Poltergeist (1982), la película de Tobe Hooper.

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1 Andrew Delbanco: La muerte de Satán. Barcelona: Editorial Andrés Bello, 1997, p. 235.
2 Clément Chéroux dirá que en la década de 1860 algunos editores de fotografías binoculares, como la London Steresocopic Company, comercilizan series completas de espectros, ángeles o hadas como objetos de diversión. Véase: Clément Chéroux: «El caso de la fotografía espiritsta. La imagen espectral: entre la diversión y la convicción», en Acto # 4. Santa Cruz de Tenerife: Acto Ediciones, 2008, p. 195.

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