Las primeras décadas del siglo xx dieron lugar a un nuevo tipo de médium, entre los cuales la francesa Eva C. es el ejemplo más espectacular. Los fenómenos producidos por ella llamaron la atención de los científicos europeos sobre las materializaciones que producían sujetos especialmente dotados. Se creía que una substancia visible era emanada por el cuerpo de un médium durante su comunicación con la muerte. El material que emergía de los orificios del cuerpo de la médium era una sustancia viscosa que emitía por su boca, vagina y pezones, en lo que era claramente una alusión a los fluidos femeninos. La producción de ectoplasma desde los orificios de Eva, que no adoptaría el nombre de la primera mujer por casualidad, era similar a espectaculares escenas de nacimiento. Una combinación de gemidos, suspiros, gritos y alaridos sexuales acompañaban las mismas.

En el curso de las sesiones Eva desaparecía como tal, para emerger como un contenedor potencial, una vasija con múltiples agujeros. La producción material de la médium radicaba en su propia desaparición; en el momento de las manifestaciones acostumbraba a gritar "Je suis prise", confirmando su ausencia en la cima de su visiblidad. 

En estos fenómenos la fotografía jugaría un rol esencial. En una sesión con Eva C. Schrenck-Notzing consiguió tres pequeños ejemplos de ectoplasma. Cuando estos fueron analizados se descubrió que el ectoplasma estaba hecho de piel humana. ¿Era el ectoplasma la capa exterior de un cuerpo del otro mundo o la materia viva de una criatura del más allá? El ectoplasma nos conduce directamente a la materia del cine y la fotografía, la película. Película deriva de  pellis piel, membrana. A través de Eva C., que encarna la ambivalencia de The Vanishing Woman, la cámara no captura la verdad ni del ectoplasma ni de la feminidad sino una imagen de ella misma. 

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