Encuentro festivo en Plaça de la Trinitat concebido como una "salida del armario del paro"; inspirado en una experiencia del colectivo Die Glücklichen Arbeitslosen (los parados felices).

En sala, junto al póster del evento, se reúnen una serie de consignas tomadas de movimientos que han cuestionado la centralidad del trabajo asalariado. Destacan una serie que proviene de la asamblea de parados que tuvo lugar en 1998, en la universidad parisina de Jussieu.

El paro se vive como un retiro de la sociedad. Las personas desempleadas y precarias sentimos a menudo nuestra situación como estigmatizante, la vivimos con pudor social. Salir del armario del paro permite reconquistar el cuerpo y recuperar la voz a la gente desempleada, hacer frente al factor psicosocial que se deriva de la pérdida de estatus. Mediante el gesto de mostrarse de manera festiva se reafirma nuestra presencia en una sociedad nos quiere invisibles, mudas y solas; a la par que se combate el estereotipo de que la persona en paro es alguien pasivo, asistido y resignado a su condición.

Nos hacen creer que no hay sociabilidad o porvenir más allá del trabajo, que la vida se juega entre el empleo o el paro, entre la inclusión mediante un trabajo o la caída en la nada. Imaginar el día del orgullo de los parados y las paradas ayuda a combatir el miedo a caer en el agujero negro de la exclusión del desempleo, a la par que a construir nuevas solidaridades desde la negación de las economías del tiempo del empleo y la precariedad del trabajo. El orgullo desafía a los gestores de la miseria social y permite reapropiarse del tiempo de vida en el espacio público con alegría y humor, mediante un acontecimiento festivo.

Hacer gala de una presencia pública desacomplejada es clave para responder colectivamente a la desvalorización y el aislamiento. Los movimientos de lucha contra el paro, la pobreza y la exclusión han ido construyendo una imagen alejada del desempleado/a objeto de caridad y ayuda. Valgan como ejemplo acciones destinadas a la reapropiación de la vida, como la ocupación de Berlín con tumbonas por parte de Los parados felices (Die Glücklichen Arbeitslosen) en 1997, o los encuentros basados en su desmonetarización y el establecimiento de relaciones de cooperación e intercambio, como ¡El café de la ira! promovido por la Asamblea de Jussieu en 1998. Domingo todos los días, se inscribe en esta genealogía que se opone a la presunción de que el trabajo es lo que da sentido a la vida y valor a la persona, y asume que el paro es la apertura de un tiempo con posibilidades propias.

Vídeo de intervenciones en micro abierto