Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  
Fotografía de Benoliel publicada en el periódico Ilustração Portuguesa (29/10/1917).  

El milagro, instrumento de conversión, ha sido considerado por la Iglesia como un argumento que certifica la veracidad y sobrenaturalidad de una aparición o revelación. En Cova da Iria la "danza del sol", contemplada por 70.000 espectadores, supuso la aprobación de la advocación de Fátima.

Partiendo de la descripción de José María Almeida Garret (1), testigo ocular del fenómeno, en esta serie se recrea el acontecimiento en tanto que relato hiperbólico de un fenómeno natural. Las fotografías resultantes se aproximan en mayor o menor medida dependiendo de sus observaciones a un prodigio atmosférico. La descripción de Almeida, en tanto que individual, ejemplifica la crítica al argumento del testimonio colectivo como garantía de la autenticidad del milagro inaugurada por Thomas de Quincey (2).

Por otro lado, al confrontar el antiguo concepto de milagro con su homólogo presente, el efecto especial, se pretende ahondar en el hecho de que lo milagroso presupone una cierta tecnicidad, presente en tradiciones teatrales como el deus ex machina y las comedias de santos; y la tecnicidad, a su vez, depende de un cierto sistema de "creencias", a saber, la percepción de los espectadores.

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1. António Maria S. J. Martins (1984). Novos documentos de Fátima. São Paulo, Edições Loyola.
2. De Quincey argumentará que en este caso el testimonio no puede considerarse colectivo sino individual. Los diferentes testigos tienen intereses comunes y pueden ser sospechosos de colusión por dos razones: «primera, porque los mismos motivos que influyen en uno influyen probablemente en los demás: en tal sentido se hallan sometidos a una influencia común. Segunda, porque, dejando de lado los motivos, en todo caso los propios [testigos] se influyen entre sí: en tal sentido se hallan sometidos a una influencia recíproca. Es preciso razonar sobre ellos como si se tratase de una sola persona». Thomas de Quincey (1987). «Los milagros como objeto de testimonio», en Los últimos días de Emmanuel Kant y otros escritos. Barcelona, Hyspamérica, p. 245.

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